miércoles, 15 de septiembre de 2010

Man Ray


Emmanuel Rudzitsky  27 agosto 1890,EUA; 18 Noviembre 1976. París  

Man Ray liberó a la fotografía de sus funciones documentales. La elevó a la categoría de arte”.


     Trabaja como grabador y en una agencia de publicidad en New York,  a la vez que asiste a las clases nocturnas de la  National  Academy of Desing. Sus primeros contactos con la vanguardia neoyorquina se producen en sus visitas a la galería de Alfred Stieglitz y en las tertulias de los Arensberg.
     Su primera exposición individual tiene lugar en la Daniel Gallery de Nueva York en 1915. Funda, junto a Marcel Duchamp y Francis Picabia, el Dadá neoyorquino.
     En 1918 trabaja con aerógrafos sobre papel fotográfico y en 1920, con K. Dreier y M. Duchamp, funda la Société Anonyme, una compañía desde la cual gestionan todo tipo de actividades de vanguardia (exposiciones, publicaciones, instalaciones, películas, conferencias, etc.).
Diez años después se instala en París hasta 1940, y allí centraliza el Dadá parisino.
Ante la imposibilidad de vender su obra, Man Ray vuelve a la fotografía.
     Sus primeras obras experimentales son los Rayographs de 1921, imágenes fotográficas sacadas sin cámara (imágenes abstractas obtenidas con objetos expuestos sobre un papel sensible a la luz y luego revelado). Hace también retratos, de hecho se convierte en fotógrafo retratista de personalidades de la cultura.



     Cuando el surrealismo se separa del dadaísmo en 1924, Ray es uno de sus fundadores y está incluido en la primera exposición surrealista en la galería Pierre de París en 1925.
          Realiza esculturas surrealistas siguiendo el modelo del arte encontrado creado por Marcel Duchamp, como Object to dead be Destroyed (Objeto para ser destruido) de 1923; Man Ray añadió a un metrónomo normal, de 26 cm de altura, la fotografía de un ojo en la aguja. Nueve años después Man Ray es abandonado por su pareja, Lee Miller, a consecuencia de lo cual Man Ray sustituyó el ojo de alguien desconocido por el de su ex amante, y cambió el título del ready-made por el de Objeto de destrucción. En 1957, un grupo de estudiantes destruyeron, en efecto, el metrónomo, pero Man Ray lo reconstruyó en 1963, y lo tituló definitivamente Objeto indestructible, dándole a la obra un giro conceptual. En el Museo Reina Sofía se encuentra una reproducción a escala gigante de esta obra conservada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
             Inspirado por su modelo y amante Alice Prin, conocida como Kiki de Montparnasse, hace Le Violon d'Ingres (1924).


       En los años treinta realiza la serie de las solarizaciones, negativos fotográficos expuestos a la luz; publica varios volúmenes de fotografías y rayógrafos.


                 “Yo creé a dadá cuando era niño y mi madre me zurraba. Yo podría proclamar que soy el autor de dadá en Nueva York”. Así se expresaba Man Ray (Filadelfia, 1890; París, 1976) en un texto para el catálogo de la gran retrospectiva de dadá en Düsseldorf que aparece reproducido en su autobiografía, titulada Autorretrato.
            Man Ray fue ante todo un fotógrafo de estudio, de taller, para el que la manipulación en el laboratorio, el reencuadre, la ampliación o el retoque eran elementos esenciales. Su interés primordial se dirigió hacia la ampliación del mundo de lo visible, hacia la exploración de la visión interior, propiciando la aparición de lo irreal y lo extraño, de lo fantasmagórico; la modificación de la identidad de las cosas, la irrupción de lo real poetizado. Para él, “el fotógrafo es un explorador maravilloso de los aspectos que nuestra retina no registra nunca. (…) “He tratado de plasmar las visiones que el crepúsculo, la luz demasiado viva, su fugacidad o la lentitud de nuestro aparato ocular sustraen a nuestros sentidos”. Precisamente por eso, uno de los elementos que más destacan de su obra es la amplia gama de procesos que empleaba para manipular la imagen: como la rayografía (la colocación de objetos tridimensionales en el papel fotográfico que luego se expone a la luz), la solarización (entrada de luz en el negativo durante el proceso de revelado, que provoca que los contornos aparezcan muy contrastados y las formas representadas se conviertan casi en siluetas), la exageración del grano de la imagen, las distorsiones, las sobreimpresiones o las fragmentaciones a través de la ampliación de detalles. De hecho, una de sus principales obsesiones era cómo conseguir restar realismo a la imagen, lo que le llevó a fracturar la realidad, a crear escisiones, capaces de provocar nuevas asociaciones, significados y sensaciones.
        Pero lo verdaderamente destacado es que reunió y desarrolló todos estos procedimientos, que ya eran conocidos, pero aplicándolos de una manera diferente y con arreglo a un programa estético y creativo radicalmente nuevo, y sobre todo que consiguió introducirlos rápidamente y de un modo tremendamente eficaz en el ámbito de la fotografía comercial: la fotografía de moda, la publicidad y el retrato. Revistas como Bazaar, Vogue o Vanity Fair dieron entrada a esa nueva forma de mirar. En ese momento, la fotografía se hizo verdaderamente consciente de la importancia de la página impresa, y viceversa. Así, la obra de Man Ray no sólo supuso un avance definitivo en la consideración de la fotografía como un medio artístico autónomo, sino que también influyó poderosamente en el uso comercial y mediático de la imagen con sus nuevas referencias estéticas.
             Lo curioso y significativo es que durante toda su vida deseara, por encima de todo, ser pintor, y finalmente fuera reconocido como fotógrafo. Él mismo describe, con cierta acritud, esa paradójica situación en la madurez de su trayectoria, poco antes de volver de nuevo a Francia en 1951: “A un pintor convertido en fotógrafo se le perdona fácilmente, pero un fotógrafo conocido, como era yo, que se convierte en pintor, aunque algunos lo reconozcan como pionero, siempre será mirado con recelo”.
              Man Ray fue un personaje complejo que consiguió conciliar aspectos tan difíciles de equilibrar en su momento como la pintura y la fotografía, la experimentación y la actitud vanguardista con el uso comercial de la fotografía y su difusión en las revistas de moda de la época, la vida bohemia de artista con su condición de fotógrafo de la buena sociedad y su enorme facilidad para moverse en diversos círculos sociales, y manteniéndose, al mismo tiempo, neutral ante las diferentes querellas y divisiones que surgieron entre las filas de la vanguardia.


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